sábado, 24 de octubre de 2026
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Política Educacional

El rezago en titulación: cuando terminar la carrera no basta para graduarse

Miles de egresados universitarios completan sus estudios pero no obtienen su título. Un fenómeno que interpela a los sistemas de acreditación y a la política pública.

Redacción Educación Superior|Política Educacional|

Más de 5.000 personas completaron su carrera en la Universidad Nacional Autónoma de México sin titularse durante años. El caso de la FES Aragón, que debió crear un programa especial para regularizar a estos egresados, expone una brecha silenciosa del sistema universitario latinoamericano: la distancia entre egresar y titularse. Una distancia que también existe en Chile, aunque rara vez ocupa el centro del debate en educación superior.

Un fenómeno regional que la UNAM puso en evidencia

La Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM lanzó recientemente una iniciativa dirigida a quienes terminaron sus cursos pero no completaron el proceso formal de titulación. La cifra es elocuente: más de 5.000 personas en esa sola unidad académica. El dato revela que el problema no es anecdótico ni marginal. Se trata de una falla estructural que afecta la empleabilidad, los ingresos y el reconocimiento profesional de miles de personas que invirtieron años en su formación universitaria. La UNAM, una de las universidades con mayor matrícula de América Latina, se convirtió así en espejo de una tensión que los rankings y acreditaciones raramente miden: ¿cuántos estudiantes egresan sin nunca titularse?

Las causas del rezago y lo que los datos no cuentan

El rezago en titulación responde a factores múltiples. Algunos son económicos —el costo de los procesos de titulación, la necesidad de trabajar antes de completar el trámite—. Otros son institucionales: trámites burocráticos extensos, tutores difíciles de contactar, exámenes que se postergan indefinidamente. También hay factores académicos, como la exigencia de una tesis en contextos donde el mercado laboral ya absorbió al egresado. El caso de la FES Aragón permite identificar al menos tres dimensiones del problema:

  • Barrera económica: el costo directo e indirecto de completar el proceso de titulación puede ser prohibitivo para egresados que ya están insertos en el mercado laboral informal.
  • Barrera burocrática: los procedimientos administrativos en universidades de alta matrícula suelen ser lentos y poco amigables para quienes ya no tienen vínculo cotidiano con la institución.
  • Barrera académica: la exigencia de modalidades de titulación rígidas —tesis, examen profesional— desincentiva a quienes no cuentan con acompañamiento tutorial efectivo.

Ninguno de estos obstáculos es invisible para los gestores universitarios. Lo que varía es la voluntad institucional de resolverlos de forma sistemática y no solo remedial.

Chile frente al espejo: lo que el MINEDUC y el CRUCH deberían preguntarse

El sistema universitario chileno no publica estadísticas consolidadas sobre egresados que no logran titularse dentro de un período razonable. El MINEDUC y el CRUCH cuentan con datos de titulación, pero la brecha entre egreso y obtención del título formal sigue siendo un punto ciego en los indicadores de calidad que maneja la CNA. Las instituciones acreditadas son evaluadas por sus tasas de retención y titulación oportuna, pero los egresados que quedaron a mitad del proceso —fuera de los registros activos, fuera de las estadísticas de deserción— simplemente desaparecen de los informes. Las universidades del Consejo de Rectores tienen incentivos para mostrar buenas tasas de titulación. Pocos tienen incentivos para revelar cuántos egresados nunca cerraron su proceso. Esa asimetría de información perjudica a los propios estudiantes, que no siempre conocen la magnitud del fenómeno antes de elegir una institución.

Lo que viene

El programa de la FES Aragón puede leerse como un modelo de intervención tardía pero necesaria. Lo relevante no es solo que existió, sino que será observado por otras universidades latinoamericanas como prueba de concepto. En Chile, si el MINEDUC incorporara indicadores de titulación efectiva —no solo oportuna— en los criterios de acreditación de la CNA, las instituciones tendrían razones concretas para diseñar rutas de titulación flexibles desde el inicio, no como parche. La presión debería venir también del mercado laboral: empleadores y colegios profesionales que exigen el título como requisito de ejercicio tienen un rol en visibilizar este rezago. El siguiente paso no es un programa remedial. Es rediseñar los procesos desde su origen.

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