Conectividad universitaria y becas: las apuestas regionales para frenar la deserción
Iniciativas de conectividad y nuevos programas de becas en América Latina instalan un debate urgente sobre acceso y permanencia en la educación superior.
Dos señales concretas emergieron esta semana desde el continente: el fortalecimiento de la conectividad para estudiantes universitarios impulsado por el CLCR y el lanzamiento de la beca «Gertrudis Bocanegra» en México, presentada por figuras como Mario Delgado y la gobernadora Claudia Durazo. Ambas iniciativas apuntan al mismo nudo crítico que Chile conoce bien: cómo evitar que los jóvenes abandonen la universidad antes de graduarse.
Conectividad como política de permanencia, no solo de acceso
Durante años, el debate sobre educación superior se concentró en la puerta de entrada: el acceso. Hoy, la evidencia acumulada en la región obliga a mirar hacia adentro. El CLCR —organismo de coordinación de telecomunicaciones universitarias— anunció el fortalecimiento de conectividad dirigido específicamente a estudiantes universitarios, reconociendo que sin infraestructura digital adecuada, la permanencia en el sistema es una promesa vacía. La pandemia lo demostró con brutalidad: miles de estudiantes en Chile y el resto de América Latina abandonaron sus carreras no por falta de voluntad, sino por falta de banda ancha. El MINEDUC chileno ha documentado caídas de matrícula en instituciones del CRUCH durante los años de mayor tensión sanitaria, y la recuperación ha sido desigual según el tipo de institución y la región geográfica.
Becas con nombre propio: el modelo de retención que gana terreno
La beca «Gertrudis Bocanegra», presentada en Cajeme por Mario Delgado y Lamarque Durazo, tiene un objetivo declarado y preciso: evitar que jóvenes abandonen la universidad. No es un instrumento de acceso. Es un mecanismo de retención. Esta distinción importa. En Chile, la Beca de Alimentación, el Fondo Solidario y la Gratuidad operan en lógicas distintas, y la CNA ha advertido en sucesivos informes que las instituciones acreditadas deben demostrar sistemas de apoyo estudiantil efectivos para mantener su certificación. La pregunta que instala el modelo mexicano es pertinente para el sistema chileno: ¿están diseñadas nuestras becas para que el estudiante llegue o para que se quede?
- CLCR: Refuerza infraestructura de conectividad para universitarios en la región.
- Beca «Gertrudis Bocanegra»: Programa de retención presentado en Cajeme, México, con respaldo de autoridades nacionales y estatales.
- Mario Delgado y Claudia Durazo: Figuras políticas que respaldan el instrumento, otorgándole visibilidad institucional.
- CLCR + CNA (Chile): Dos actores distintos, misma lógica: la infraestructura y la acreditación como palancas de permanencia estudiantil.
Chile en el espejo latinoamericano: lecciones pendientes
El sistema chileno de educación superior tiene una arquitectura de becas relativamente desarrollada para estándares regionales. Sin embargo, las brechas persisten. Las universidades del CRUCH concentran los mejores índices de titulación oportuna, mientras los institutos profesionales y centros de formación técnica enfrentan tasas de deserción que superan el 40% en algunos programas, según datos del MINEDUC. La conectividad es parte del problema. Estudiantes de primera generación, muchos de ellos en regiones extremas, acceden a plataformas de aprendizaje con conexiones inestables o compartidas. Fortalecer la infraestructura digital universitaria —como propone el CLCR en el contexto regional— no es un lujo tecnológico. Es una condición básica para que la política de Gratuidad no se convierta en una promesa truncada a mitad de carrera.
Lo que viene
El ciclo de política pública que se abre en Chile de cara a 2025 debería incorporar estas señales regionales con urgencia. La discusión presupuestaria en el Congreso incluirá inevitablemente el financiamiento de la Gratuidad y los fondos de becas; la CNA tiene pendiente actualizar sus criterios de acreditación con mayor énfasis en indicadores de retención y no solo de entrada. Si el modelo de la beca «Gertrudis Bocanegra» demuestra resultados medibles en México, será referencia obligada para el MINEDUC chileno. La conectividad universitaria y los sistemas de apoyo económico estudiantil no son agendas separadas: son las dos caras de una misma política de permanencia que el sistema todavía no ha resuelto.