Investigación con ciencia ciudadana revela que alerces milenarios dependen de hongos microscópicos para sobrevivir
Académico de Santo Tomás lideró estudio que vincula el tamaño de alerces con la biodiversidad de hongos micorrízicos en comunidades locales.
Un equipo de investigadores de la Universidad Santo Tomás, en colaboración con especialistas de la Universidad de La Frontera y miembros de la comunidad de Correntoso, publicó hallazgos que establecen una relación directa entre el tamaño de los alerces y la diversidad de hongos micorrízicos arbusculares presentes en sus raíces. El trabajo, desarrollado bajo un modelo de ciencia ciudadana, suma evidencia empírica a una hipótesis que, aunque intuitiva, carecía de respaldo científico robusto en ecosistemas australes de Chile.
El estudio fue liderado por el Dr. César Marín, investigador del claustro del Doctorado en Conservación y Gestión de la Biodiversidad de Santo Tomás, quien ya había aplicado metodologías similares en el Parque Nacional Alerce Costero. Esta vez, el trabajo se extendió a las inmediaciones de otro parque de alto valor ecológico, incorporando activamente a vecinos y guías ambientales locales como agentes del proceso científico.
La conclusión central es tan contundente como relevante para la gestión de ecosistemas boscosos: los árboles de mayor tamaño se asocian con una mayor biodiversidad de hongos micorrízicos, organismos que resultan fundamentales para la supervivencia de especies como el alerce (Fitzroya cupressoides), declarado Monumento Natural en Chile. Según el propio Dr. Marín, sin estos hongos microscópicos los alerces milenarios simplemente no sobreviven.
Desde una perspectiva de impacto sectorial, el proyecto ilustra un modelo replicable para la vinculación entre educación superior, investigación aplicada y comunidades territoriales. Antes del trabajo de campo, el equipo realizó dos sesiones de difusión científica en la Biblioteca de Correntoso junto a la Dra. Rocío Urrutia-Jalabert, especialista en alerces de la Universidad de La Frontera, buscando transferir conocimiento técnico a audiencias no especializadas.
Entre los aspectos destacados del enfoque metodológico se encuentran:
- Integración de saberes locales mediante guías ambientales comunitarios como coinvestigadores.
- Transferencia de conocimiento previo al trabajo de campo mediante talleres públicos.
- Generación de evidencia empírica sobre interacciones ecológicas en ecosistemas de alto valor patrimonial.
Para el sector de educación superior, iniciativas de este tipo refuerzan la pertinencia territorial de los programas de posgrado y posicionan a las universidades como actores clave en la conservación de biodiversidad con impacto comunitario directo, un criterio cada vez más valorado en los sistemas de acreditación y en los fondos concursables de investigación aplicada.